27.7.26

23 de Julio 2026

 Mi padre murió el jueves pasado tras una batalla desigual contra la fibrosis pulmonar de más de un año de duración.

 Dejó tras de sí una estela gigante de anécdotas de vida y recuerdos imborrables, no solo en su familia, sino en un sinúmero de amigos que lo consideraban el núcleo central de los distintos grupos sociales que conformaban: los compañeros de la primaria, los amigos de la prepa, los amigos de la carrera, los rivales del tenis, las parejas del dominó, los primos de una familia en la que una de sus tías tuvo más de veinte hijos.

Todos ellos dieron testimonio una y otra vez de que mi padre era especialista en hacer que la gente se sintiera bien a su lado.

A mí me dejó horas y horas de pláticas resolviendo el mundo y entendiendo el universo. Me dejó la tarea de aprender a nadar y hablar inglés. Sin querer me convirtió en una persona hiperconsiente de su discurso el día que me preguntó: "¿Cómo puedes ponerte una playera que no sabes lo que dice?". De algunos otros preceptos equivocados que intentó dejarme como herencia en vida sí logré escapar.

Me molesta y me entristese la idea de ya no poder seguir abonando conversaciones con él, ya solo ocurrirán aquellas en las que yo tenga que buscarlo en mis recuerdos y reconstruir sus opiniones y sus puntos de vista.

Como la de todos su vida no fue lineal ni falta de complejidad o contradicciones, pero creo que si acaso algún día necesita justificarse la existencia del universo mi padre puede ser utilizado como evidencia a favor.